Sábado, 07 de septiembre de 2013

Estos días el trendic topic de moda son las Olimpiadas. No voya ocultarme, me encantaría que las olimpiadas vinieran a España. He apoyado activamente las dos primeras candidaturas (dentro lógicamente, de lo que son mis posibilidades).

Sin embargo, como no podía ser de otro modo, soy recelosa sobre el efecto positivo que puedan tener. Quizás se está haciendo con mi ánimo cierta desesperanza y cinismo al respecto. O quizás simplemente es que me estoy haciendo vieja (y espero que sabia). Por eso desconfío de los mensajes institucionales y me he mantenido un tanto distante de la presente convocatoria.

Mi desconfianza se acrecienta con las últimas medidas anti-liberales del gobierno, como regular aún más el mercado energético . Sería mucho más sencillo dejar un verdadero mercado libre que regular ahora. Y no digo esto porque quiera que se defienda a las denominadas "energías limpias" si no precisamente porque creo que deben hundirse y remodelarse en función de una sana competencia de mercado. Estas medidas tan solo favorecer´na un oligopolio, al tiempo que crean el concepto del "martir energético" que tendrá tarde o tempreno un efecto rebote compensatorio en forma de más ayuda, prebendas y regalías cuando un sector pseudo-ecologista presione hasta que se le de lo suyo. Y si no al tiempo. Mucho mejor sería que tuvieran que competir en igualdad de condiciones y se vierna obligados a buscar la competitividad y la excelencia. Y si los números no cuadran, está claro, se debe de actuar igual que con cualquier otra empresa que se encuentre en quiebra.

Regresando al tema de las Olimpiadas, más allá de la cuestión afectiva (España pese a sus miserias no deja de ser mi patria y querría ell honor de unas nuevas Olimpiadas en mi tierra), puede suponer sin duda un acicate a la economía. La inyección de líquido para la construcción, unido al revulsivo en visitas durante el evento y el indudable efecto publicitario para Madrid y el conjunto del país son una oportunidad inmejorable para que dejemos atrás la crisis. Ahora bien, mi duda no viene por la capacidad del sector privado para gestionar esta oportunidad, si no por el sector público. ¿Cómo confiar sin recelo en la capacidad de unos gestores públicos que traban a los emprendedores? Las concesiones dadas a dedo, las condiciones leoninas que solo unos pocos puedan cumplir, las regulaciones absurdas que impidan que determinadas ideas de negocio germinen son solo algunas de las evidentes - y por desgracia endémicas- razones que se me ocurren para que se cumplan las previsiones de los más agoreros: que consigamos las Olimpiadas y sigamos la estela de Grecia, arruinada por no haber sabido gestionar una buena oportunidad.


Publicado por libbertybits @ 18:17  | Liberalismo
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